Tres historias de gracia

Estas son tres historias de tres hombres con quienes sirvo aquí en Honduras. Sus historias me acuerdan que servimos a un Dios maravilloso que usa a gente ordinaria como instrumento para avanzar su Reino.

Theodore

Theodore tenía 16 años cuando su mamá lo corrió de la casa.  Al encontrarse sin dinero, trabajo, amigos y esperanza ingresó a las Fuerzas Armadas. En esos tres años no sólo aprendió a usar una pistola sino aprendió a drogarse y a emborracharse.  En poco tiempo se hizo adicto a la marihuana y al alcohol.  Theodore se drogaba con marihuana, gasolina y pegamento.  Así se pasó la vida por 15 años. 

Un día, borracho, drogado y solo se puso a pensar en el infierno que había sido su vida por estos 15 años.  Escuchó una voz decirle que fue creado para algo más allá de la adicción.  Así mismo, en esta condición, entró a una iglesia.  Mientras estaba allí en la iglesia escuchó que Dios lo amaba y que quería una relación con él.  Ese día, Theodore entregó su vida a Cristo.  Aún se encontraba borracho y drogado, pero ya no estaba solo.

Theodore empezó una desintoxicación que duró 15 días.  Sufrió síntomas de abstinencia.  A cada momento el diablo le recordaba la angustia que sentía y del alivio que serían las drogas.  Pero también escuchó la voz de Dios decirle, “Soy más grande que este sufrimiento.  Todo este sufrimiento vale la pena.  Tengo planes para ti.”  Theodore estaba en plena guerra espiritual. 

Theodore perseveró. Dios fue todo para él.  La adicción que lo controlaba había sido derrotada por Cristo Jesús.  Después, él fue al seminario y sirvió como misionero en las montañas de Honduras.  Me contó sobre las condiciones en las que vivía. Le pregunté que si aún así Dios era suficiente. “Absolutamente”, me respondió.

Rudy

Rudy era un chico popular.  Frecuentaba los clubes nocturnos y se ganaba a la gente con su estilo de baile.  Pero nada de esto lo satisfacía.  Sabía que había algo más.  Buscó satisfacerse con alcohol y mujeres pero no lo logró.  Se sentía vacío.  Este sentimiento lo persiguió hasta que escuchó Josué 1:9: “¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el SEÑOR tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.” En estas palabras encontró la esperanza y satisfacción que buscaba. Para describir como su vida ha cambiado, Rudy se refiere a II Corintios 5:17.

Se considera un misionero nacional porque comparte su fe con todos.  Ha compartido el evangelio con pandilleros, asesinos, adictos y con todo tipo de persona.  Hoy los que escucharon la Palabra de Cristo de parte de  Rudy están alcanzado a otros. Uno se contagia por su amor a Dios y su gozo.

Alex

Alex tuvo que aprender a cuidase cuando sus padres lo abandonaron a él y a sus 8 hermanos.  Fue él primero en salir para los EE.UU.  Logró llegar y tomó las medidas necesarios para quedarse legalmente.  Llegó a los EE.UU. sin saber una palabra de  inglés.  Con determinación, leía el periódico a diario y así empezó a aprender el idioma.  Por obra de Dios, Alex acepto a Cristo a muy poco tiempo de haber llegado a los EE.UU.  Empezó a sentir el llamado de Dios a regresar a Honduras.  No quería regresar, así que huyó- a Canadá.  Por esta razón, Alex se considera un Jonás. 

No pasó mucho tiempo en Canadá, cuando se dio cuenta que Dios aún lo llamaba a Honduras.  Esta vez, en vez de huir, Alex obedeció.  Regresó a Honduras, donde hoy es pastor.  Rudy estudia la Palabra de Dios con diligencia y en este momento está traduciendo al español unas materias de discipulado.  Alex se ha dedicado a compartir el evangelio con sus compatriotas.