Un auto limpio y una puerta abierta

Máximo vino un día para bolear nuestros zapatos.  El es pequeño como los niños Maya, así que no sabíamos cuantos años tenía.  El boleó nuestros zapatos y sin saber le pagué de más.  Realmente no usamos zapatos que necesitan ser boleados por eso le pregunté si quería lavar nuestros autos.

Máximo tenía unos 9 años cuando empezó a lavar nuestra camioneta pero parecía tener unos 6 o 7 años.  Máximo es un gran nombre para un niño tan pequeño.  Hoy Máximo tiene 12 años y aún no puede alcanzar el techo de la camioneta para lavarlo.  Inicialmente, le pagaba Q30 (casi $4 US), pero Gladys,  la señora que trabaja en nuestra casa y nos ayuda a entender la cultura, me dijo que le estaba pagando de más.  Me dijo que Q10 eran más que lo suficiente.  Empecé a pagarle Q20. 

Este niño sabe trabajar.  Ya tenemos una rutina.  El viene los sábados porque si viene entre semana le digo que debe de estar en la escuela.  A veces la escuela cierra si hay vacaciones o huelga de parte de los profesores entonces él viene esos días también.  Normalmente, viene a las 8 de la mañana o al mediodía.  Casi sin falta, Máximo toca el timbre al momento que nos sentamos a la mesa para almorzar.  No llego a entender como lo hace.

Es un negociante este chico.  Máximo me ofrece lavar el camión por la mitad de precio y si no tengo el dinero me dice que le puedo pagar la próxima semana.  Le digo que sólo la camioneta necesita lavarse.  Este chico es implacable.  Se pone a negociar y le digo que debe ser hombre de negocios. Tiene mucho por delante este chico. 

Máximo vive en una aldea que se llama El Rancho.  El toma un autobús en la madrugada.  Cuando llega a mi casa come, lava el auto y después bolea los zapatos hasta las 4:00 p.m. cuando es hora de regresar a casa.  Un día el vino a la casa y me preguntó que si había un cobertizo o algo en lo que podría dormir porque él y su primo no habían ganado lo suficiente para pagar su viaje de Q6 para regresar a casa en el autobús.  Le regalamos el dinero. Me pregunto, ¿qué habría que hacer? Me imagino que decía la verdad. 

Cuando Máximo empezó a venir a nuestra casa, me dijo que su mamá había muerto y que dejó a su papá con seis niños.  Honestamente, nos pareció típico y nos dio lástima.  Un día mientras esperaba a Máximo,  su primo empezó a hablar de su tía. Yo le dije que pensaba que la mamá de Máximo estaba muerta y él me dijo que no. Me dijo que estaba viva.  Hasta el día de hoy no sé lo que se perdió en la traducción.  No lo regañé. Este niño casi vive en la calle y se la pasa boleando zapatos.  No es justo.  Por eso, cuando viene a casa le damos de comer.  A veces él trae a algunos amigos, quizá a un primo o a un hermanito.

Oro por Máximo y quiero invertir en su vida por eso le compré el libro de Marcos en forma de caricaturas y una Biblia en una versión muy fácil de entender. Su tarea era leer un capítulo por semana y traerme preguntas.  Le dije que tenía que hacer dos cosas para que después pudiera lavar el auto: ir a la escuela y traerme una pregunta acerca de la Biblia.  Para empezar me preguntó que cuántos discípulos habían, después me preguntó cómo se llamaban.  Finalmente me hizo preguntas graciosas como: “¿de qué color era el pelo de Jesús?”.  Le expliqué que era más probable que Jesús se pareciera a él que a mi. 

Unos días antes de Semana Santa, Máximo y Edgar, su primo, vinieron a lavar mi auto.  Lo lavaron (con excepción del techo, por supuesto).  Después de comer frijoles, arroz y tortillas me preguntaron esto: ”¿Porqué tuvo que morir Jesús por nuestros pecados?”  Miré hacia el cielo, me reí y le di gracias a Dios.  Empecé a explicarles la Biblia desde el principio.  Leímos en Romanos, Juan 3, Efesios 2- saltamos por toda la Biblia.  Hablé con ellos, dibujé algunas ilustraciones y después de 30 minutos empezaron a aburrirse así que allí lo dejamos. 

Desde entonces, me han preguntado una variedad de cosas como: ¿porqué Jesús tuvo que nacer de  una virgen?, ¿cómo funciona la Trinidad? y ¿qué significa tener fe en Cristo Jesús? ¡Qué maravilla! El Señor trajo a nuestra puerta a este pequeño negociante. 

No tengo idea de lo que vaya a suceder con Máximo.  Tal vez irá a la universidad.  Quizá será pastor.  O quizá, como tantos niños en Guatemala, morirá a temprana edad. Sinceramente, no lo sé.  Pero sigue viniendo y trae sus preguntas.  Simplemente, lo amamos.  Seguimos hablando con él, dándole de comer y respondiendo a sus preguntas.  Veremos que pasa.  Quizá Dios hará algo increíble con este chico.  Quizá ya lo ha hecho.