Un encuentro divino

Un día de verano del 2012, Francisco decidió entrar a nuestra iglesia por curiosidad en Pachuca, México. Estábamos teniendo clases de inglés para la comunidad. Solo entró para ver lo que estaba pasando. Hablamos por un rato e intercambiamos números de teléfono.

Un tiempo después, empecé un estudio evangelístico con Francisco. Era muy evidente que Dios estaba obrando en la vida de Francisco. Durante los estudios, respondía a sus preguntas y orábamos juntos. Pasó el tiempo y Francisco puso su fe en Cristo como su Salvador. Continuamos con nuestro estudio bíblico y Francisco empezó a asistir nuestra iglesia fielmente.

Lo que había empezado como un simple hecho de satisfacer su curiosidad hace tantos meses se había convertido en una oportunidad divina. Francisco continuo creciendo espiritualmente.

Pero después de la Navidad y el Año Nuevo, Francisco dejó de asistir nuestra iglesia. Intenté comunicarme con él, pero no hubo respuesta.

Finalmente, recibí un correo de él que me explicaba que se había mudado a Puebla  (dos horas de Pachuca) para estar con su madre y buscar un trabajo. Esto ocurrió en febrero, y esa fue la última vez que supe de él.

Sabemos que Dios obra de manera sobrenatural porque, durante este tiempo, mi esposa y yo sentimos que Dios nos estaba llamando a otra ciudad. Después de mucha oración y consejo, decidimos mudarnos a Pueba para unirnos al equipo de Camino Global que está allí. Fue una decisión difícil, porque habíamos estado en Pachuca10 años.

Estábamos cómodos en Pachuca, así que el cambio fue difícil. Mi familia se tuvo que ajustar a una ciudad más grande, nuevas amistades, ministerios nuevos y los niños a una nueva escuela. El tiempo pasó y el cambio me empezó a afectar a mi también. En Pachuca yo había estado muy involucrado en el ministerio, pero en Puebla aún no encontraba mi lugar. Me empecé a desilusionar. Empecé a preguntarme que le había pasado a Francisco. Oraba por él frecuentemente. Pensaba, ¿cómo lo puedo encontrar en esta ciudad tan grande? Sería como buscar una aguja en un pajar. 

Un sábado por la tarde, tuve que ir a comprar unas cosas a la tienda. Mientras esperaba pagar, volteé y ahí estaba. ¡Era Francisco! Trabajaba en la tienda. Me sorprendí tanto que me quedé mudo. Por suerte, logré llamarlo.

“¡Francisco!”

Volteó y se sorprendió. Se acercó y nos saludamos con un abrazo mexicano. Casi no sabíamos que decir. Hablamos rápidamente sobre lo que había pasado e intercambiamos números de teléfono por segunda vez. Francisco admitió que no había estado yendo a la iglesia y que estaba ansioso de empezar un estudio bíblico.  Fue un gran alivio encontrarme de nuevo con él.

Hasta el día de hoy, Francisco y yo nos reunimos para orar y estudiar la Biblia. Su deseo de saber más de Dios y Su Palabra ha renacido.

Le doy gracias a Dios por su provisión perfecta. Dios usó ese reencuentro divino para animarme y dejarme saber que Él estaba (y siempre estará) en control.

 

Jonathan Baker y su familia sirven con Camino Global en Puebla, México. Para más información, haga clic aqui.


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