Urbana 2012

¡Santo, Santo, Santo!
Saint oui, Saint oui, Saint oui!
Holy, Holy, Holy!

Esta fue la canción que se escuchó  en el auditorio de Saint Louis, Missouri. Fueron 16,000 estudiantes de todas partes del mundo que formaron parte del coro. De mi parte, canté en mi español querido. Me acordé no sólo de mi niñez en México, sino también de la esperanza que tengo en Jesucristo.

El hecho de cantar en español tocó mi alma de manera que no sucede cuando canto en inglés. Fue algo que no había hecho en mucho tiempo. 

Al escuchar cuatro idiomas llenar el auditorio, sentí probar un poco de lo que sería la alabanza en el cielo: un futuro glorioso donde gente de cada idioma, tribu y nación se postrará delante de Dios y donde la alabanza llenará los pasillos del cielo. Maravillada por la majestad de Dios y la grandeza de Su reino, pensé en Apocalipsis 4 y 5 donde se describe una escena de gran alabanza.

Mi abuelo decía, “Amén. Ven, Señor Jesús.” ¡Qué glorioso será!

Durante la semana de Urbana 2012, tuve la oportunidad de hablar con mucha gente. Por su interés en las misiones, muchos me preguntaron acerca de Camino Global y también tuve la oportunidad de compartir acerca de mi vida como hija de misioneros. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí en casa aquí en los EE.UU. al hablar de misiones. 

He permitido que mi vida cotidiana me haga olvidar la crianza transcultural que tuve la dicha de vivir. Siento que el latido de mi corazón por las misiones ha disminuido poco a poco a causa de vivir en un ambiente de un cristianismo nominal. El estar en Urbana me reanimó.

Como hija de misioneros, siempre me he esforzado a ajustarme a la cultura del país donde me encuentro y a las costumbres de la gente que me rodea. Soy culpable de aceptar normas culturales que contradicen mis convicciones como hija de Dios.

Una vez más tuve la convicción de no asimilarme a una vida ligera que he visto presente en algunos Cristianos de hoy.  Esto fue un buen recordatorio de cómo quiero vivir mi vida de Cristiana.